¿No logras avanzar con tus tareas DIARIAS? AQUÍ TE COMPARTO algunos PRINCIPIOS QUE TE AYUDARÁN A ORGANIZARTE MEJOR.
Tal vez esto te ha pasado. Hay veces en que tengo tanto que hacer que no sé por dónde comenzar. Intento pensar en una tarea, pero mi mente está como un torbellino y no tengo fuerzas, ni cabeza para saber cuál es el puntapié inicial.
Es como si mi escritorio estuviera lleno de pilas y pilas de documentos que tengo que prestarles atención, o como si un grupo de personas imaginarias estuvieran pidiéndome cosas alrededor de mí, al mismo tiempo. Sólo que estas múltiples actividades pendientes, no necesariamente están en papeles físicos o son personas a mi alrededor, sino que estas tareas por hacer, pueden estar en listas y listas en mi agenda, en el computador, en una aplicación en mi celular, en un cuaderno de notas, en una servilleta o en cualquier superficie donde puedo, básicamente, anotar algo. Y todas ellas giran a mil por hora en mi cabeza, paralizando mi cuerpo, para tomar la sencilla acción de dar el primer paso para comenzar.

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¿Te has sentido así alguna vez? ¡Claro que sí! A eso le denomino, el «estrés del ocio». Tienes tanto que hacer, pero finalmente no haces nada.
Cuando yo era adolescente, mi abuelita Inés me dio una lección que me sirve hasta el día de hoy, y la quiero compartir ahora contigo. A ella le encantaba tejer y hacía cosas muy bonitas. A mí sólo me dio la capacidad para aprender a tejer bufandas; que esencialmente es seguir líneas rectas, porque tengo una baja o casi nula habilidad manual. Pero como eso no viene al caso, seguiré con la historia de mi abuelita.
Ella, en cambio, tejía chalecos, poleras, vestidos, con formas de trenzas, flores, puños, cuellos y bolsillos. Un día, estábamos frente a la televisión y al sacar su tejido notó que una de las madejas de lana que iba a usar para continuar con su labor, era una maraña de nudos. Por tanto ella, de manera muy natural, me pidió que le ayudara a desenredar la madeja, mientras seguía con la lana que aún le quedaba en el ovillo que estaba usando. Cuando tomé ese “caos” de lana en mis manos, pensé: “¡Genial! Ahora mis tardes se convertirán en la increíble y entretenida aventura de desenredar madejas de lana, frente a la tele. ¡Qué cosa!”.

Mi abuelita me dejó algunos minutos luchar con la lana, mirándome de reojo. Yo, por mi parte, tirando de aquí y tirando de allá con la delicadeza de un hipopótamo, logré que el desastre se volviera aún mayor. Hasta llegué al serio convencimiento de que lo que mi abuelita me había pedido era imposible. ¡Era un hecho para mí! Esa lana jamás sería usada, porque desenredarla, no era de humanos.
-”Pero, tranquila” -me dijo mi abuela-. “Lo único que estás haciendo es enredar más la lana”. “Ahora -siguió-, lo primero que tienes que hacer es calmarte. Lo segundo, es comprender que el hilo de la lana tiene un principio y un final. Tercero, entre más rápido quieras terminar, lo que probablemente harás, es tirar más y más de la lana; y hacer, por tanto, nudos que serán más difíciles de soltar. También debes tomar el tiempo necesario para saber donde el hilo de la lana se encuentra o continúa, para poder avanzar. Por último, no te detengas hasta terminar todo y convertirlo en una nueva madeja, lista para ser tejida”.
Desde ese día no me hice una “Desenredadora de Lana profesional, con Magister en Hebras Finas”; pero al menos, me gusta mucho trabajar en los procesos, y sí… me relaja desenredar hilos y lanas. Sin embargo, lo que más me gusta es terminar mis tareas.
¿Has experimentado la maravillosa sensación de poner un checklist o tachar una tarea ya finalizada? ¡Es simplemente glorioso!
Los principios de la «Madeja de Lana» en la práctica
Ahora, ¿cómo puedo aplicar en mi día a día los principios de la “Madeja de Lana” de mi abuelita, cuando estoy frente a una montaña de tareas por concluir o una tarea enorme, y no sé por dónde comenzar? Y lo peor, ¡sé que el reloj sigue corriendo!
Calmarse: Este principio parece muy obvio e innecesario, pero no lo es. Calmarse y respirar profundo es esencial para tomar conciencia real de la situación en la que te encuentras. También te ayudará a conectarte con lo que sientes en relación a lo que estás enfrentando. Te anima a asumir la responsabilidad de lo que está pasando y te permite hacer una evaluación de cómo comenzar, o recomenzar (si ya lo habías intentado antes). Y te dará incluso algunas ideas de los pasos que debes dar o te orientará a cambiar otros. Es decir, hacer un scanner con calma de la situación y de ti mismo, con respecto a tus tareas por hacer, es indispensable para cambiar el status quo.

Comprender que la tarea tiene un principio y un final: Algo bueno que debes recordar es: Cuando finalmente comienzas algo, eso que comenzaste está más cerca de ser terminado, que antes de comenzar. Parece un juego de palabras o un trabalenguas, pero es cierto. Lo que quiero decir es que todo lo que se termina o llega a su fin, es porque tuvo un inicio. Y tu tarea o listas de tareas, al empezar el proceso de prestarles atención, pasan al selecto grupo de cosas que podrían realmente ser terminadas; y por tanto, tu podrías ahorrarte el tormento que significa tener ese peso sobre tus hombros.
Ahora, para saber por dónde comenzar, es importante hacer la diferencia entre lo “urgente” y lo “importante”. Aquí, ¡priorizar es la clave! Llamaremos “tareas urgentes” a lo que debes hacer en las próximas 24 o 48 horas como máximo, porque si no, estarás en serios problemas. Ejemplo: entregar un informe en la universidad, un proyecto en el trabajo, hacer una llamada de vital importancia, pagar una cuenta por vencer, etc. Y “tareas importantes”, por otro lado, serán todas aquellas actividades, que aunque tienen prioridad en tu agenda, no entran en la categoría de urgentes. Ejemplo: Hacer una cita con el dentista, comenzar tu rutina de ejercicios, hacer ese curso online que quieres hace tiempo, estudiar para una prueba que será en unas cuantas semanas, etc.
Si lo piensas, muchas de tus “tareas importantes”, si no les prestas atención en su momento, pueden pasar a ser “urgentes”. Por eso, el “estrés del ocio” es tan nocivo, porque lo único que hace es paralizarte, impidiéndote tomar acción y termina empeorando tu situación. Categorizar aquí, como dije, es muy importante. Ahora, si estás afectivamente trabajando con una lista de tareas, toma una a la vez.
La prisa no es buena: El punto anterior está conectado con este tercer punto. Como diría mi abuelita, “entre más rápido quieras terminar, lo que probablemente harás, es tirar más y más la lana; y hacer, por tanto, nudos que serán más difíciles de soltar”. O sea, no quieras acortar el camino, porque puedes llegar a trabajar mucho más. Otro dicho de mi abuelita era: “El flojo trabaja dos veces”. ¡Una sabia mujer mi abuelita! Tómate el tiempo necesario para hacer el punto 2, y te ahorrarás tiempo y hasta varios dolores de cabeza.
Reevaluar a lo largo del proceso: Tomarse una pausa para descansar o para saber cuales son los siguientes pasos, te ayudará a avanzar más. Recuerda, nada está escrito en piedra en tu evaluación general del punto 2. Si necesitas cambiar algo, simplemente hazlo.
No parar hasta terminar la tarea: Yo sé que en algunas ocasiones esto es imposible, pero si depende de ti, intenta tomar el tiempo suficiente para comenzar y terminar una tarea. Sin olvidar, que si estás enfrentando una lista de ellas, es una tarea a la vez. La Técnica Pomodoro (hay vasto material que te puede explicar cómo aplicarla) te puede ayudar mucho a concluir tus actividades pendientes.
Celebrar tus victorias: Por último, una pequeña tarea para ti es un gran paso para avanzar en la meta de terminar tus labores pendientes. Evita eso sí, celebrar tus logros con comida chatarra o gastando dinero en compras que realmente no necesitas. Escapa por favor de situaciones negativas para tu salud o para tu bolsillo. En cambio, felicítate diciéndote palabras bonitas, dándote un abrazo, escuchando una música alegre que te haga bailar, dándote una siesta reponedora, pasando tiempo con alguien que amas, etc.

El concluir nuestras tareas o actividades pendientes no es exclusivo de personas altamente efectivas e increíblemente exitosas. No. Las personas que enfrentamos los desafíos del día a día del mundo moderno, también podemos encarar nuestros miedos y frustraciones relacionados con nuestro trabajo o tareas diarias, sin importar el ámbito en el cual nos desempeñemos.
Mi abuelita me enseñó con una simple madeja de lana, una tarde frente a la televisión. Pero su enseñanza se puede aplicar a diversas áreas en la que nos podemos desenvolver en la vida.
Para terminar, un chiste realmente malo pero cierto, que tal vez ya escuchaste por ahí: “¿Cómo te comes un elefante?… Simple… por partes”. ¡Tú puedes terminar con esa o esas tareas que te traen tanta agonía… una a la vez! ¡Anímate a dar el primer paso!

